PUBLICACIONES DE LA ASOCIACIÓN GADITANA DE PACIENTES ANTICOAGULADOS Y PORTADORES DE VÁLVULAS CARDÍACAS
01-09-2013
CONFERENCIA DR. SILVA

Dr. Juan José Silva Rodríguez
Médico Especialista en Endocrinología y Nutrición

En la actualidad existen numerosas investigaciones científicas que demuestran cómo la ingesta habitual de productos del reino vegetal, es decir, cereales, verduras, legumbres y frutas, produce un efecto protector contra las patologías que muestran mayor prevalencia en nuestro medio: la obesidad, la hipertensión, la arteriosclerosis, las enfermedades cardiocirculatorias, los accidentes cerebrovasculares e incluso algunos tumores del aparato digestivo. Estas afirmaciones ya son un hecho en la denominada “Medicina Basada en la Evidencia”, aunque evidentemente dichas recomendaciones sólo son aplicables a población general, y no son válidas o tienen limitaciones en determinadas patologías como insuficiencia renal crónica, enfermedades inflamatorias crónicas intestinales, pacientes anticoagulados etc.
Hay que resaltar que también existen ensayos clínicos que demuestran cómo la combinación de todos estos alimentos de origen vegetal, es decir, no la ingesta abundante de un solo alimento de origen vegetal, sino la de la de todos ellos de una manera variada y constante, puede tener como consecuencia un incremento de la longevidad. En este sentido podemos destacar la Investigación Europea Prospectiva sobre Cáncer y Nutrición (EPIC), realizada por la Escuela de Salud Pública de Harvard sobre 23.000 hombres y mujeres, y publicada en el 2009 en ScienceDaily del British Medical Journal. Demostraron que el consumo de habitual de vegetales, frutas, frutos secos, legumbres y aceite de oliva, al mismo tiempo que no se consume mucha carne o cantidades excesivas de alcohol está relacionado con las personas que viven más tiempo.
Las necesidades de proteínas son similares en la edad geriátrica que en la edad adulta, es decir, unos 0,8 a 1 gr. por kg de peso corporal y día. Conviene asegurar esta ingesta para garantizar el aporte de aminoácidos esenciales (los que no puede sintetizar nuestro organismo), especialmente ante la presencia de enfermedades crónicas debilitantes. Se recomienda que la ingesta de proteínas constituya aproximadamente el 10-12% de las calorías totales de la dieta.

Respecto a las grasas se deben asegurar ingestas de ácidos grasos poliinsaturados y monoinsaturados, es decir grasas vegetales y del pescado azul, mejor que grasas de origen animal. El total de las grasa no debería deberían superar el 30 al 35% de la ingesta calórica diaria.

Existen estudios centrados actualmente en la búsqueda de los mecanismos por los que el aceite de oliva retrasa el envejecimiento, concretamente se analizan los efectos de la grasa en las mitocondrias en tres niveles distintos: el estrés oxidativo, la funcionalidad del orgánulo y su estructura. La dieta basada en aceite de oliva hace que en la vejez se acumulen menos daños en estos tres niveles reduciendo el estrés oxidativo final, y,por tanto,haciendo que los tejidos envejezcan más despacio.

Se recomienda disminuir ligeramente el consumo de azúcares sencillos de absorción rápida presentes en pasteles, helados, golosinas etc. y mantener los azúcares de absorción lenta, los almidones presentes en pan, galletas etc. Los hidratos de carbono
deben suponer entre el 55 y el 60% de la ingesta calórica total.
El agua es considerada fundamental en las personas mayores, a pesar de la disminución del contenido en agua del organismo. Se recomienda la ingesta de al menos 1,5 litros de líquidos al día (agua, zumos, caldos etc) o más en épocas de calor.

Es importante aumentar su cantidad de algunos minerales en la dieta, por ejemplo el hierro y el calcio, que pueden tener disminuida su absorción por gastritis atrófica y aumentadas sus necesidades por patologías crónicas o alteraciones hormonales como la menopausia. Del mismo modo es recomendable asegurar una
cantidad suficiente de vitamina B12 y Vitamina D en la ingesta.

La mejor manera para cumplir estas recomendaciones no es otra que mantener una dieta equilibrada y muy variada, pues el defecto o el exceso que pueda tener un determinado alimento respecto a alguno de los nutrientes comentados se compensará seguramente con los nutrientes del siguiente alimento siempre y cuando el hábito alimentario incluya suficiente variedad, la comida sea atractiva, con buen sabor, y con la textura adaptada a la capacidad de deglución de cada anciano. La mayor parte de las carencias alimentarias que se detectan en la en la senectud ocurren en personas que siempre comen lo mismo.

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